lunes, 21 de julio de 2008

El “Plan Drácula”: 1958 - 1964

Imaginen el siguiente cuadro. Lugar: cualquier municipio de Puerto Rico. Año: 2008. Tras meses de rumores sin confirmar que han volado por el pueblo, se informa por el Alcalde haber recibido un importante comunicado de parte del Gobernador y del Departamento de la Defensa de los Estados Unidos. El mensaje, más escalofriante no podría ser: debido a la creciente amenaza del terrorismo, el ejército estadounidense necesita desalojar la totalidad de los habitantes del pueblo y sus barrios, a los fines de utilizar los terrenos para prácticas militares anti-terroristas. Este desalojo masivo no se limita a los vivos; incluye también a los muertos.

Todavía sin salir de su asombro y en estado de incredulidad, los habitantes del pueblo cuestionan y protestan ante los medios informativos por qué se les desaloja de sus hogares. En un mensaje especial a todo el País, el Gobernador, con aspecto sombrío y acompañado de funcionarios de su gobierno y representantes del ejército estadounidense, informa que la difícil decisión ha tenido que tomarse en nombre de la “seguridad nacional”. Los desalojados se mudarán a nuevos “hogares”, en algunos casos temporeros, que ya el gobierno ha comenzado a habilitar en pueblos aledaños. El Departamento de Educación está preparando salones de clase adicionales en esos pueblos para recibir a los estudiantes desplazados. Cada familia recibirá además un “jugoso estipendio”, producto de “la generosidad del gobierno federal”, que les permitirá rehacer sus vidas. ¿Y los difuntos? “Para facilitarles la visita a sus seres queridos ya fallecidos”, apunta el Gobernador mientras traga profundo, “hemos acordado con el gobierno federal trasladar sus tumbas a los municipios en que ustedes tendrán su nuevo hogar”. “Estos tiempos en que vivimos”, acota el Gobernador antes de salir de la tarima sin despedirse del País, “hace necesario el sacrificio de todos en nombre de la seguridad nacional, la libertad y la democracia”.

¿Fantasía? No precisamente. A partir del año 1958, la Marina de Guerra de los Estados Unidos pretendió adueñarse de la totalidad de las islas municipios de Vieques y Culebra, con el fin de expandir sus operaciones de práctica militar. El operativo contemplaba no sólo desalojar la totalidad de la población de las dos islas y su reubicación en otros pueblos de Puerto Rico. Para asegurarse de que los habitantes de las islas no pretendieran regresar bajo excusa alguna, la propuesta de la Marina de Guerra requería además desenterrar a todos sus muertos y trasladar los féretros. Para la Marina de Guerra, este desalojo masivo se conocía como el Proyecto V-C. Los funcionarios del gobierno de Puerto Rico que conocían de la macabra propuesta, la cual fue mantenida en secreto, la bautizaron el Plan Drácula.

Los historiadores Arturo Meléndez, Carmelo Delgado Cintrón y Ronald Fernández, han expuesto y denunciado en sus trabajos la existencia del Plan Drácula. Es, sin embargo, a la historiadora Evelyn Vélez Rodríguez a quien debemos el esfuerzo más reciente y detallado en torno a las negociaciones que sostuvieron los representantes de la Marina de Guerra y del Gobierno de Puerto Rico, en torno a este explosivo asunto. Negociaciones que fueron mantenidas en secreto hasta que la prensa comenzó a descubrirlo.

Del relato que en su libro sobre este tema nos ofrece la historiadora Vélez Rodríguez, surge que “negociaciones” no es necesariamente la palabra más precisa para describir lo que a todas luces fue una angustiosa odisea para el entonces Gobernador Luis Muñoz Marín y sus más cercanos colaboradores. Esta saga, que comenzó en marzo de 1958, giró en torno a los deseos de la Marina de Guerra por adquirir terrenos adicionales a los que ya poseía en Vieques y Culebra, a cambio de devolverle al gobierno de Puerto Rico algunas tierras que ese cuerpo militar tenía en la llamada Isla Grande.

A raíz del triunfo de Fidel Castro en Cuba y el ascenso a la presidencia estadounidense de John F. Kennedy, la postura de la Marina de Guerra fue moviéndose hacia la obtención de la totalidad de las dos islas municipios. Por su parte, el gobierno de Puerto Rico procuraba mantener al cuerpo castrense a raya, tanto mediante ofertas de intercambios de terrenos que sabía la Marina de Guerra no aceptaría, como por vía de cabildeo ante el gobierno estadounidense, el Presidente Kennedy inclusive.

La muerte de Kennedy supuso un reinicio de los intentos de la Marina de Guerra por quedarse con las islas. De hecho, los documentos examinados por la historiadora Vélez Rodríguez evidencian convincentemente que, aun en vida de Kennedy, la Marina de Guerra continuó operando solapadamente y a espaldas del Presidente para obtener el apoyo del Congreso federal. Sólo la intervención del alcalde viequense Antonio Rivera Rodríguez y los habitantes de la Isla Nena, cuando se enteraron de las “negociaciones” que a sus espaldas se efectuaban, logró hacer a la Marina de Guerra desistir finalmente de su empeño, tras seis años de lucha.

Este todavía poco conocido episodio de nuestra Historia sirve como recordatorio de que, el llamado “pacto entre iguales” que sirve de lema al Estado Libre Asociado, está lejos de ser la realidad que sus defensores sostienen. La verdadera realidad estuvo a punto de atropellar no sólo a los compatriotas que viven en Vieques y en Culebra, sino también a sus muertos.

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