domingo, 14 de septiembre de 2008

Puerto Rico, año 2009 (I)

Dada la temática de esta columna – nuestra Historia – la misma suele enfocarse en el pasado o en eventos contemporáneos. En esta ocasión, sin embargo, voy a tomarme un riesgo calculado. Voy a especular, no a predecir, sobre el futuro.
Una aclaración previa es de rigor. Para este ejercicio, no he consultado mentalistas, síquicos ni astrólogos. Tampoco he tenido acceso a una herramienta mucho más valiosa, como lo son las encuestas de opinión pública que todos los partidos políticos y muchos candidatos consultan religiosamente, perdonando la expresión, como brújulas para calibrar sus palabras y acciones en la eterna búsqueda de generar simpatía entre el electorado.
A principios del Siglo 16, el diplomático italiano Nicolás Maquiavelo redactó lo que se considera su obra maestra: “El príncipe”. Una de las lecciones más importantes de “El príncipe”, que es un tratado en torno a la obtención y mantenimiento del poder político, es que la naturaleza humana nunca cambia, sin importar la época y las circunstancias. Dicho de otra manera, y no obstante los progresos que muchos países, el nuestro inclusive, han registrado en términos de derechos y democracia, la esencia misma del ser humano, su forma de pensar y de sentir, permanece inalterada.
Por ende, y si bien es cierto que la Historia no se repite, podemos especular con cierto grado de seguridad cual será el Puerto Rico que nos encontraremos el próximo año, a base de situaciones o dinámicas que, en las circunstancias apropiadas, tienden a reproducirse. Desde que a mediados del Siglo 20 Puerto Rico comenzó a elegir su propio Gobernador, hemos experimentado como Pueblo suficientes ciclos electorales como para encontrarnos en este momento con situaciones similares vividas anteriormente, y que nos brindan lecciones en torno a nuestro comportamiento electoral. Con ello en mente, les propondré algunos cuadros del Puerto Rico venidero, seguido por los precedentes históricos que nos permiten, en efecto, regresar al futuro.
Enero de 2009: Luis Fortuño Burset presta juramento como el cuarto Gobernador anexionista en la Historia del País. Su triunfo electoral fue arrollador sobre el incumbente Aníbal Acevedo Vilá, del hasta entonces oficialista Partido Popular Democrático. Contrario a ciertas expectativas, el movimiento “write-in” que impulsaba la candidatura del ex Gobernador Pedro Rosselló González careció de impacto electoral. El Partido Nuevo Progresista controló la Cámara de Representantes y el Senado, además de la mayoría de los municipios, incluyendo San Juan, Bayamón y Ponce.
Referente histórico: Puerto Rico, año 1984. El PPD de Acevedo Vilá en el 2008, es el PNP de Carlos Romero Barceló en 1984. Las semejanzas son tan significativas que no pueden menospreciarse. Debido al tranque electoral de las Elecciones Generales de 1980, muy similar al de 2004, el entonces oficialista PNP perdió el control de los cuerpos legislativos, como igualmente le ocurrió en las últimas elecciones al PPD. Camino al evento electoral de noviembre de 1984, Romero Barceló encabezó un partido debilitado tras ocho años de control por su partido del Poder Ejecutivo. Otro tanto le ocurre ahora a Acevedo Vilá. Como ya vimos en una columna previa (“Aníbal Romero Vilá”), tanto Romero Barceló como Acevedo Vilá se vieron obligados a reprimir movimientos internos de sus propios partidos que iban dirigidos a buscarles sustitutos por su evidente vulnerabilidad electoral. Ambos arrastraban reputaciones políticas laceradas (uno, los sucesos del Cerro Maravilla; el otro, las acusaciones del gobierno estadounidense). Conscientes de su precariedad electoral, ambos buscaron aumentar su apoyo entre el electorado no afiliado a sus partidos. En el caso de Romero Barceló, con su lema “dale tu fuerza a la palma”; en el de Acevedo Vilá, con su mantra del “ELA soberanista”.
Sin pretender menospreciar el atractivo electoral que todavía pueda tener Rosselló González, sus posibilidades de hacer una diferencia electoral no son mejores que las del otro doctor que buscó un fin similar: Hernán Padilla Ramírez. Tras revalidar cómodamente como Alcalde de San Juan, Padilla Ramírez era sin duda una de las figuras políticas más atractivas en Puerto Rico. El bloqueo de su potencial candidatura a la gobernación por Romero Barceló, lo llevó a fundar el Partido de Renovación Puertorriqueña. Para las elecciones de 1984, las posibilidades electorales de Padilla Ramírez eran muy superiores a las que hoy tiene Rosselló González. Contrario a este último, el entonces Alcalde de San Juan estaba en el apogeo de su popularidad electoral. Además, en 1984 enfrentaba a Romero Barceló y a Rafael Hernández Colón; ambos ya figuras erosionadas por sus previos pulseos por la gobernación, como hoy se encuentra Rosselló González. A pesar de esas evidentes ventajas, Padilla Ramírez obtuvo apenas un 4 por ciento del voto para la gobernación.
En 1984, por ende, nació la era en que todavía vivimos de dos partidos dominantes que se alternan en el poder cada 8 años. Hernández Colón (en 1988) y Rosselló González (en 2000) lo aceptaron en su momento y se retiraron voluntariamente. Romero Barceló, al igual que ahora hace Acevedo Vilá, apostó a sí mismo por cuatro años más, y perdió.
En el 2008 se cumplen los 8 años de dominio del PPD. Su debilidad electoral se delata en los empeños de los candidatos populares a la gobernación y a la alcaldía de San Juan, por debatir con sus adversarios novoprogresistas. El interés por debatir es un barómetro que claramente sugiere quién está al frente en las encuestas internas de los partidos políticos, y quién está atrás, probablemente por mucho. Se trata de un indicio adicional de que, con toda probabilidad, 2008 será 1984, y no precisamente el de George Orwell.

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