domingo, 25 de diciembre de 2011

El ELA que se nos va... (I): la gran hendidura

El Estado Libre Asociado de Puerto Rico – esa criatura o metáfora jurídica que, “con la naturaleza de un convenio”, ha servido para justificar internacionalmente el régimen de sumisión colonial bajo los Estados Unidos de América – está muriendo. Nuestra clase dirigente, aunque no lo diga públicamente, lo sabe. Exploremos algunas de las potenciales causas y consecuencias de esa agonía.
De la mano de Luis Muñoz Marín, nuestro liderato apostó a la posibilidad de sacar al País de su estado de pobreza extrema, a cambio de tolerar e incluso proteger el uso de Puerto Rico como una gran base militar estadounidense durante la Guerra Fría (1947-1991). En trueque por esa colaboración, el gobierno federal estadounidense transfirió durante décadas sumas millonarias que permitieron al gobierno del ELA iniciar un ambicioso programa de modernización que nos transformó de uno de los países más pobres de Latinoamérica, a la aún hoy gran potencia económica del área del Caribe. Esta transición, por supuesto, tuvo sus consecuencias.
Desde 1944 y hasta las elecciones de 1968, el Partido Popular Democrático de Muñoz Marín ejerció un virtual monopolio sobre el poder que el anexionista Partido Nuevo Progresista de Luis A. Ferré Aguayo comenzó, poco a poco, a erosionar. Pulseo tras pulseo electoral, el mollero anexionista se ha fortalecido, al punto de propinarle palizas electorales al PPD en las elecciones de 1996 y 2008 que el estadolibrismo, cuando le ha tocado ganar, no es capaz de reciprocar. Para intentar contener el reto anexionista, el PPD se ha visto cada vez más necesitado del voto de aquel sector ideológico que, precisamente, ayudó a destruir: el independentismo.
Mientras esta lucha electoral por controlar la administración colonial se desarrollaba, los llamados “pilares” del ELA comenzaron, uno tras otro, a caer. En el fundamental aspecto económico, quizás no existe un suceso más dramático que el colapso de la Commonwealth Oil Refining Company (CORCO), durante la década de 1970. La enorme osamenta metálica que ese fracaso nos dejó, se yergue aún como macabro monumento a orillas de la carretera 2 en Peñuelas. Con ello se selló la suerte de la política que todavía apostaba a la capacidad de “crecimiento” del ELA.
El fin de la Guerra Fría en 1991 debilitó a su vez dramáticamente el valor estratégico-militar de Puerto Rico. Ello es lo que explica, al menos en parte, que la muerte del viequense David Sanes Rodríguez en abril de 1999 fuese capaz – como nunca antes lo había sido – de crear un frente común para expulsar a la Marina de Guerra estadounidense de nuestro territorio. Este movimiento de liberación nacional fue extraordinario, más allá de exorcizarnos colectivamente de ese cuerpo castrense extranjero. Veamos esto brevemente.
La lucha contra la Marina de Guerra causó el colapso de lo que los estudiosos han llamado el “circo de tres pistas” de nuestra política criolla, pues dio paso a un realineamiento de fuerzas que puso al descubierto la verdadera hendidura fundamental: colonialistas versus anti-colonialistas. Estos dos grandes bloques subsisten calladamente bajo la superficie de las tres tendencias políticas que distinguen nuestra clase dirigente. Una vez las fuerzas anti-colonialistas lograron derrotar la presencia de la Marina de Guerra, los dos grandes bloques volvieron a conformarse en el circo de tres pistas que nos acostumbraron a observar. Pero no se equivoquen: la hendidura sigue ahí. Y está supurando.
En efecto, todo este proceso de decadencia y deterioro que el ELA comenzó a experimentar a partir de la década de 1960, lo estamos pagando hoy en día. No todo es culpa de la Gran Recesión, aunque ciertamente ésta contribuye a agudizar nuestra presente situación. La ausencia de poderes para maniobrar nuestra propia economía se vuelve un problema cada vez más serio, ante la realidad aplastante del derrumbe del proteccionismo comercial entre las naciones soberanas para dar paso a la economía global. Ya el ELA no posee un acceso exclusivo al mercado estadounidense como en antaño, mientras sus manos permanecen atadas para comerciar con otros países. La vergonzosa desautorización y regaño que la administración del estadolibrista Rafael Hernández Colón (1985-1992) sufrió a manos del gobierno estadounidense cuando intentó llegar a acuerdos comerciales con Japón, dramatiza a la perfección la cruda realidad de nuestra impotencia colonial.
La pérdida poblacional que el último censo refleja, en unión a que ya más puertorriqueños residen en la metrópoli que en Puerto Rico, confirma la realidad de que las condiciones de vida de nuestro País están en franco deterioro. El mejoramiento de la calidad de vida puertorriqueña, ese último gran baluarte que justificó la viabilidad del ELA, ya no está presente. Sólo la dependencia económica y sicológica hacia los Estados Unidos que por más de medio siglo el ELA promocionó, explican hoy en día su existencia. Todo ello, en unión a los conflictos que hoy en día vivimos – tales como el paro estudiantil en la Universidad de Puerto Rico – evidencia que grandes decisiones se acercan en torno a nuestro futuro político.
Continuará...

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