domingo, 25 de diciembre de 2011

El ELA que se nos va... (Parte II): El “Plan Tennessee”

El atrincheramiento del sector colonialista, particularmente dentro del Partido Popular, no ha podido detener la emergencia del anexionismo como principal fuerza política del País. Aún dentro del independentismo, medra la conciencia de que el anexionismo posee en estos días la vara alta, que los argumentos tradicionales en contra de la estadidad ya no parecen tener la fortaleza de antaño, y que por ende hay que prepararse para “lo peor”, esto es, la estadidad federada. ¿O no?
El aplastante ascenso al poder en el 2008 del Partido Nuevo Progresista, lo ha llevado a la privilegiada facultad de controlar todas las esferas del gobierno colonial, como en su día lo hizo por décadas el PPD. Por el otro lado, el ascenso poblacional y electoral de los llamados “Hispanics” en los Estados Unidos, en unión a la elección de un presidente no blanco en la persona de Barack Husseim Obama, pareciera inaugurar una nueva era en que la raza, la cultura y hasta el idioma, dejaran de constituir un obstáculo para que Puerto Rico se convirtiese en el primer “estado hispano” de la Unión.
Todo lo anterior no obstante, la estadidad como meta parece estar más estancada que nunca a nivel de la metrópoli. Si para muestra con un botón basta, la derrota del proyecto de plebiscito en la Cámara de Representantes estadounidense (entonces con amplia mayoría demócrata), en unión al despojo del privilegio de votar en ese cuerpo que poseía nuestro comisionado residente en Washington, hablan por sí solos. Mas lo que parece ser el mayor contribuyente al retroceso del remedio descolonizador que, nos guste o no, es la estadidad, lo es la presente administración anexionista.
Como planteé en la primera parte de esta serie, la verdadera hendidura ideológica no es la de tres partidos que luchan por sus respectivos ideales, sino la de dos fuerzas antagónicas que aspiran, de una parte, a descolonizar al País, y de la otra, a preservar el régimen al máximo. Visto desde esta óptica, el PNP de la actualidad es el más colonialista entre todas las administraciones anexionistas que han dirigido al País. Este PNP no sería capaz de enfrentar a la Marina de Guerra estadounidense, como sí lo hicieron las administraciones de Carlos Romero Barceló (1977-1984) y Pedro Rosselló González (1992-2000). Sí es capaz, sin embargo, de defender el presente estado colonial, afirmando ante el mundo que se trata de un “asunto interno” entre Puerto Rico y los Estados Unidos.
Precisamente en el año 2008, el conocido sociólogo y profesor Aarón Gamaliel Ramos publicó un interesante ensayo en torno a cómo el anexionismo ha visualizado a los Estados Unidos a lo largo de la relación colonial, y cómo ese movimiento ha procurado insertar a Puerto Rico en el camino definitivo a la anexión, sin éxito al presente. Las dificultades del anexionismo se habrían iniciado desde los comienzos mismos de nuestra situación de sumisión ante los Estados Unidos, cuando la nueva metrópoli sorprendió al en aquel entonces movimiento mayoritario en Puerto Rico, mediante la creación de un sistema colonial-territorial sin precedentes en el expansionismo estadounidense.
Conforme al profesor Ramos, en aquellos primeros años de colonialismo estadounidense el anexionismo pretendió representarle a la metrópoli que eramos una comunidad blanca y civilizada, similar a la que los anexionistas de entonces entendían poblaba los estados de la Unión. Esa estrategia implicaba además presentarnos como un pueblo en franco proceso de americanización que rendía pleitesía a las instituciones de gobierno estadounidenses, con el consiguiente menosprecio a aquellas características que nos han identificado como pueblo, incluyendo el idioma español. El fracaso de esa estrategia supuso la adopción en la década de 1970 de un nuevo modelo, basado en que los puertorriqueños constituíamos una “minoría étnica” dentro de la Unión, a la vez que se proponía la adopción de lo que en la Historia se conoce como el “Plan Tennessee”.
En síntesis, el Plan Tennessee – derivado del nombre del primer territorio que logró la estadidad por ese medio – consiste en la elección por los pobladores del territorio de los que serían sus representantes ante el Congreso estadounidense, quienes a su vez requerirían ser reconocidos como tales y forzando así la admisión como estado del territorio. El último territorio en adoptar esa estrategia con éxito lo fue Alaska en 1959, cuyos proponentes afirmaron que el Plan Tennessee siempre había funcionado. El programa de gobierno del PNP para las elecciones del 2008 contempla nuevamente el uso del Plan Tennessee. Ello no obstante – y a pesar de afirmarse que nunca ha fallado – usted no escuchará del mismo; mucho menos un movimiento serio dentro del PNP para ponerlo en ejecución.
Conforme al profesor Ramos, los Estados Unidos comenzaron a experimentar a partir de la década de 1980 un auge del sentimiento neoconservador que fomenta la fobia contra todo lo ajeno a su cultura y forma de pensar. Ello explica que el anexionismo moderno haya abandonado la idea de presentar a Puerto Rico como una nación que cabe dentro del sistema federal estadounidense, optando en su lugar por incrementar el uso del idioma inglés (“Canóvanas City Police”, por ejemplo), actuar como si fuésemos un estado, y fomentar un patriotismo hacia la metrópoli (nuestros Reyes Magos entregando regalos en la nieve). En efecto, se trata del retorno al discurso de similitudes entre territorio y metrópoli que impulsaron los primeros anexionistas, hace ya más de un siglo atrás. Por lo visto, la fe en la infalibilidad del Plan Tennessee no es tal.
Continuará...

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