martes, 20 de diciembre de 2011

La aristía de Diómedes

El sentido fallecimiento del maestro y amigo Juan Manuel García Passalacqua me ha inspirado a compartir con los lectores algunos aspectos de su vida quizás no tan conocidos, pero igualmente valiosos. Al siempre apreciado Juanma y a su familia, van estas palabras.
Lo conocí personalmente cuando comencé mis estudios de Maestría en Historia en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, en el Viejo San Juan. Yo, al igual que muchos otros compañeros de aulas, aprendimos de la mano de Juanma a ver la Historia patria de una manera distinta, no exenta de polémicas, pero siempre fascinante. Más allá de la experiencia académica, sin embargo, fue revelador el poder conocer de primera mano la participación del propio Juanma, como testigo y actor, en algunos de los eventos históricos más recientes y significativos del Puerto Rico contemporáneo.
El papel de Juanma como testigo y actor de nuestra Historia se inició con sus labores como ayudante y asesor de los gobernadores Luis Muñoz Marín y Roberto Sánchez Vilella, entre finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. Recuerdo, ya de niño, verlo luego por televisión en Cara a cara ante el país. Recuerdo sus columnas controversiales, y sus ocurrencias en radio, televisión y el salón de clases. Pero recuerdo, sobre todo, su gesta en la década de 1970 de crear una filial del Partido Demócrata estadounidense junto a un grupo de amigos y colaboradores. No vine a comprender, y a apreciar, esa etapa de su existencia, hasta que años más tarde me convertí en su alumno.
Gracias a la creación del Partido Demócrata criollo (cuyo precedente podemos encontrar en la conversión por Luis Muñoz Rivera del Partido Autonomista al Partido Liberal Fusionista a finales del siglo 19 tras su pacto con el Primer Ministro Práxedes Mateo Sagasta), Juanma logró acceso a los grandes círculos de poder en Washington DC, durante la administración del presidente James Earl “Jimmy” Carter. En efecto, de asesor de los gobernadores puertorriqueños en el régimen colonial, Juanma pasó a rendirle servicios a su patria desde los círculos internos de lo que él mismo llamaba “el imperio más poderoso de la Tierra”. En virtud de ese acceso privilegiado con que contó dentro de la administración Carter, Juanma el maestro pudo compartir con sus alumnos no sólo sus experiencias dentro de El Hegemón, sino además valiosa documentación que de otra manera nos sería desconocida.
Fue así como pude conocer a otro Juanma más allá del analista político y del académico. Descubrí a Juanma el guerrero, y quien utilizando como arma su osadía y como escudo su poderosa inteligencia, enfrentó a extranjeros que se creían y sentían como dioses frente a sus súbditos coloniales. Sin llamar la atención hacia sí mismo, Juanma el guerrero tuvo una participación invisible, pero fundamental, en la consecución de logros tales como la liberación de los prisioneros nacionalistas Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Oscar Collazo, Irving Flores y Andrés Figueroa Cordero, y en la proclamación de la Política de futuros alternos para la descolonización de Puerto Rico.
Este Juanma que hasta aquel entonces yo no conocía, me hizo a su vez recordar al más formidable e igualmente invisible de los héroes que pueblan La Ilíada del poeta griego Homero. Cuando se rememora La Ilíada, lo que suele venir al pensamiento son los nombres de Aquiles, Ajax, Héctor o Eneas. El guerrero griego Diómedes Tidida (por ser hijo de Tideo) se alza sin embargo sobre los demás al alcanzar su “aristía” (del griego áristos), esto es, su momento de máximo brillo y excelencia, durante el conflicto entre griegos y troyanos. Fue tal la aristía de Diómedes, que llegó no sólo a enfrentar y vencer en combate a los adversarios troyanos, sino además a dioses tales como Afrodita y Ares.
Otro tanto logró Juanma. Con las armas que le fueron dadas, se convirtió en un protagonista importante de los eventos que marcaron la historia de Puerto Rico y el Caribe desde la década de 1970 hasta el presente. Por voluntad propia, luchó por proteger a su País de los estragos de la Guerra Fría, promoviendo acercamientos entre los Estados Unidos y Cuba que evitaran el desarrollo de enfrentamientos armados de “baja intensidad”, como el propio Juanma los llamó, en suelo puertorriqueño. Esa faceta de su vida merece ser igualmente rescatada, recordada y celebrada, para que al repasar los pasajes de la La Ilíada podamos pensar en él al leer:
“Entonces Palas Atenea infundió a Diómedes Tidida valor y audacia, para que brillara entre todos los argivos y alcanzase inmensa gloria, a hizo salir de su casco y de su escudo una incesante llama parecida al astro que en otoño luce y centellea después de bañarse en el Océano. Tal resplandor despedían la cabeza y los hombros del héroe, cuando Atenea lo llevó al centro de la batalla, allí donde era mayor el número de guerreros que tumultuosamente se agitaban.”
Hasta pronto al maestro, amigo y, también, al héroe.

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