domingo, 18 de diciembre de 2011

La pasión y muerte del capitán Frutos López Santos

Conforme fuera planificado durante meses, las solemnes actividades organizadas en Coamo para el 25 de julio de 2098, dieron inicio con el discurso de la nueva gobernadora electa por el Partido Soberanista Puertorriqueño.  La administración del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, por primera vez dirigida por un partido separatista, se inspiró en conmemorar los doscientos años de dominio colonial estadounidense mediante una emotiva ceremonia que recordara correctamente lo acontecido, dos siglos atrás.
En la columna anterior (“Ponce, la capital alterna”), vimos que el ejército estadounidense había marchado en 1898 sobre la para aquel entonces ciudad más importante del País sin enfrentar resistencia, sino mas bien lo contrario.  Ese acontecer, en unión a otros similares, dio paso al mito histórico de la “invasión por invitación”, el cual se compone de dos etapas.  Conforme a la primera, los Estados Unidos habían sido invitados en 1898 por representantes puertorriqueños a invadir al País, para liberarnos del despótico gobierno colonial español.  Ese acto, que, de haber en verdad ocurrido, habría sido considerado en cualquier otro país como Alta Traición, ha quedado desacreditado por los estudios históricos que demostraron el interés estadounidense por adquirir “bases carboneras” en el Caribe para el abastecimiento de su Marina de Guerra, ya desde mediados del siglo 19.
La otra etapa, objeto de esta columna, es la que proclama el entusiasta recibimiento y colaboración boricua con el ejército invasor que hizo su entrada por la bahía de Guánica aquel 25 de julio de 1898.  Conforme a esa etapa del mito, el ejército estadounidense habría sido recibido, en el mejor de los casos, con alegría o quizás indiferencia y, en el peor, con cobardía.  Mas como demuestran historiadores tales como el puertorriqueño Edgardo Pratts y el estadounidense Ivan Musicant, la historia no es tan sencilla.
A raíz de la ocupación por las tropas estadounidenses del litoral sur del País, el ejército de los Estado Unidos bajo el mando del general James Wilson comenzó a marchar el 28 de julio de 1898 en dirección de Coamo y Aibonito.  Mientras tanto, el ejército español – que incluía a milicianos puertorriqueños – comenzó una retirada táctica a los fines de atrincherarse en las alturas aiboniteñas del Asomante.  Para defender la retirada, en Coamo quedaron tropas al mando del comandante Rafael Martínez Illescas y su segundo al mando, el capitán Frutos López Santos.
En la salida de Coamo hacia Aibonito, tuvo lugar el 9 de agosto de 1898 lo que el historiador Pratts describe como uno de los más importantes y encarnizados combates librados durante la guerra entre los Estados Unidos y España.  En el combate de Coamo, fallecieron Martínez Illescas y López Santos, entre otros, mientras hacían frente al fuego enemigo.  Un par de obeliscos en piedra marcan hoy en día el lugar de aquel enfrentamiento.  Ante la muerte de los altos oficiales, el tercero al mando decidió rendir sus tropas.  Ello no obstante, soldados de la retaguardia hispano-boricua que peleó ese 9 de agosto en Coamo, continuó su retirada táctica hacia las alturas del Asomante.
La caballería del ejército estadounidense se lanzó en persecución hacia el Asomante.  Allí, sin embargo, fueron parados en seco por fuego de la fuerza hispano-boricua.  La infantería del ejército invasor no corrió mejor suerte, pues al arribar al Asomante fue recibida a cañonazos, lanzados desde lo que aún se conoce hoy en día como “las trincheras” del aiboniteño barrio Asomante.  En esta ocasión, fueron los estadounidenses quienes optaron por la retirada.  Murieron más de una docena de personas, entre militares y civiles.  Y todo ello ocurrió antes del mediodía de ese martes 9 de agosto de 1898, cuyo aniversario número 111 tendrá lugar apenas a dos días plazo de la publicación de esta columna.
Par de días más tarde, el ejército estadounidense ensayó una nueva ofensiva para tomar el Asomante.  La fuerza hispano-boricua, al mando del capitán puertorriqueño Ricardo Hernaiz, repelió nuevamente al ejército invasor durante la tarde del viernes 12 de agosto de 1898.  Ese mismo día en horas tempranas de la noche, las fuerzas defensoras en Aibonito recibieron la noticia de que España había capitulado.  El 24 de septiembre siguiente, el ejército estadounidense ocupó a Aibonito.
La pasión y muerte del capitán Frutos López Santos ocurrió a consecuencia de su acto heroico al intentar rescatar al comandante Martínez Illescas, quien segundos antes había caído mortalmente herido por una bala enemiga mientras arengaba a sus tropas.  En un momento dado, a raíz de la conmemoración en 1998 del centenario de la invasión, surgió una polémica en torno a si Frutos López era puertorriqueño o no.  Aunque aparentemente nació en la provincia española de Segovia en 1846, en 1871 se traslada por su voluntad a Puerto Rico.  En 1877, contrajo matrimonio con una dama mayagüezana.  Con excepción de unos cortos periodos de tiempo que pasa en España, Frutos López hizo su vida y su carrera militar en nuestro País, recorriendo la Isla de un extremo al otro.  Aquí tuvo su familia y aquí yacen sus restos, dentro de una modesta tumba en el antiguo cementerio de Coamo.  Sus acciones y su postrero sacrificio, lo hicieron hijo de esta tierra que aún lo cobija en su seno.
Por eso, durante la conmemoración en el 2098 del segundo siglo de la invasión, los sucesores y herederos de nuestra clase dirigente de 1998 se tomaron la iniciativa de corregir el histórico entuerto de aquel año de efectuar la actividad en Guánica, donde se recibió al invasor, en lugar de en Coamo-Aibonito, donde se le resistió.

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