sábado, 17 de diciembre de 2011

La Real Cédula de Gracias de 1815

Si reducimos la Historia de Puerto Rico a su mínimo indispensable, descubriremos que existen tres eventos decisivos en nuestro nacimiento y formación, al punto de que sus efectos persisten al día de hoy. El primero lo es la llegada de los europeos el 19 de noviembre de 1493. El tercero, la llegada de los estadounidenses el 25 de julio de 1898. El segundo, por estar ubicado cronológicamente entre los ya señalados, aconteció el 10 de agosto de 1815, y le da título a esta columna.
Los efectos a corto y largo plazo de la Real Cédula de Gracias son de tal magnitud que esta columna no alcanza para cubrirlos. Para ello, al menos en cuanto a los efectos a corto plazo, puede estudiarse el libro que sobre este tema publicó la historiadora Raquel Rosario Rivera. El antecedente histórico básico tras la Real Cédula de Gracias lo es la invasión y ocupación de España por el ejército francés de Napoleón Bonaparte en 1808. La invasión napoleónica sirvió a su vez de gatillo para el proceso de independencia de América Latina, mismo que culminaría en 1829. Los conflictos desatados en Europa a causa de Napoleón, no se limitaron a España y sus colonias. Los propios territorios franceses en América experimentaron convulsiones que provocaron migraciones masivas hacia otras tierras del Nuevo Mundo.
Recobrada la independencia de Francia a finales de 1813, la monarquía española se dio entonces a la tarea de intentar recuperar sus antiguos dominios coloniales. El nuevo monarca hispano, Fernando VII, ha pasado a la Historia como un inepto y retrógrado que pretendió reinar conforme a los principios del absolutismo. Sin embargo, en los casos de Puerto Rico y Cuba, las dos colonias que permanecían bajo firme control español, la situación fue un tanto distinta.
La nueva dinámica político-militar que rodeaba a Puerto Rico en aquellos años, cambió dramáticamente el papel que nuestro País jugaba en el escenario americano. Hasta esos días, la Isla de Puerto Rico cumplía la función de ser mas bien un custodio del tráfico comercial que España realizaba con sus territorios del Nuevo Mundo. En otras palabras y por su ubicación geográfica, nuestro País jugaba el papel de bastión militar que permitía a la metrópoli desarrollar el intercambio comercial con sus otras posesiones coloniales. Como resultado, Puerto Rico recibía con regularidad un estipendio de dinero dirigido al desarrollo y fortalecimiento de sus estructuras militares, y que ha pasado a ser conocido en nuestra Historia como el Situado Mexicano.
El cese del situado a causa de la guerra de independencia en México y el propio proceso beligerante en toda América Latina, crearon el escenario para el dramático cambio de papel que nuestro País experimentó. Conforme a las necesidades del momento, Puerto Rico dejó de ser visto como una mera plaza fuerte periferal, para convertirse en protagonista principal del enorme esfuerzo que España desplegó durante las guerras de independencia latinoamericanas.
Como resultado de la nueva política de apertura que la cédula supuso para nuestro País, Puerto Rico comenzó a recibir una inyección masiva de inmigrantes procedentes de diversos sectores de las Américas e incluso de Europa. Esto supuso además la llegada de nuevas tecnologías agrícolas y los inicios del cultivo de frutos más allá de la mera economía de subsistencia. El café y el tabaco iniciarían su ascenso hasta convertirse en los frutos emblemáticos del Puerto Rico del Siglo 19. Nadie cuestiona el papel cultural que para nosotros los boricuas juega el café hoy en día.
El impacto más perenne de la Real Cédula de Gracias, sin embargo, tendría lugar en nuestra conciencia colectiva. Las olas migratorias que promovió en las décadas siguientes influyeron nuestro modo de pensar como Pueblo, en formas y maneras que aún perduran al día de hoy. Para pensadores como José Luis González y Ronald Fernández, la Real Cédula de Gracias sirvió para fracturar el desarrollo de una conciencia nacional boricua, al promover la llegada de elementos extranjeros europeos y americanos que tuvieron el efecto de “enblanquecer” nuestra sociedad y retrasar así su formación como ente nacional, además de imprimirle un carácter más conservador. La historiadora Rosario Rivera difiere en cuanto al aspecto racial señalando, persuasivamente, que la cédula fomentaba no sólo la migración europea o americana blanca, sino además aquella poseedora de esclavos. Después de todo, el objetivo primordial de la Real Cédula de Gracias era fomentar el desarrollo económico y comercial de Puerto Rico, a los fines de preservar el control de la metrópoli española.
En lo que sí parece existir consenso, es en que la Real Cédula de Gracias logró sus objetivos inmediatos, contribuyendo como pocos eventos al despegue económico del País durante el Siglo 19. Es el programa “Manos a la obra” original. A más largo plazo, influyó decisivamente en la formación del Puerto Rico que hoy conocemos, incluyendo nuestra estrategia colectiva para lidiar con nuestra permanente condición colonial. También contribuyó a la formación de nuestras clases dirigentes. Desde las costas venezolanas, las familias Muñoz y Albizu llegarían a nuestra tierra para aquí procrear a varios de nuestros más prominentes líderes de los siglos 19 y 20.
Nuestro País cambió para siempre a partir de la implantación de ese decreto que concentró en Puerto Rico y Cuba los remanentes del imperio colonial español en América. Nuestro pragmatismo colectivo frente a la metrópoli de turno encuentra sus raíces en esa legislación que a su vez fue producto de una hábil estrategia político-militar. Ahora que su bicentenario se acerca, quizás valga la pena conmemorar y reflexionar en torno a ese nuevo Puerto Rico que nació un 10 de agosto de 1815.

1 comentario:

francysbulted dijo...

Que pena que los puertorriqueños no conozcan mucho de su historia.