domingo, 18 de diciembre de 2011

La sombra de Cuba (II)

En la columna anterior, expusimos someramente la dinámica de la relación entre las hermanas Antillas de Cuba y Puerto Rico, bajo el régimen colonial español.  En esta segunda y última parte, haremos otro tanto, tomando como marco la hegemonía estadounidense consagrada a partir de la Guerra de 1898.
Como ya vimos en una columna de hace algún tiempo atrás (“El Tratado de París de 1898”), uno de los resultados de ese conflicto lo fue que “la condición de los habitantes” de Puerto Rico sería determinada por el Congreso.  Esa realidad jurídica, vigente hoy en día, es lo que explica que sea en los debates en el Congreso estadounidense donde debamos buscar qué influencia, si alguna, ejerció la presencia de Cuba en las deliberaciones de los congresistas con respecto al futuro que le aguardaba a nuestro País, dada su condición de botín de guerra.
El hecho de que los Estados Unidos prometieran, y eventualmente cumplieran, su promesa de reconocer la independencia de Cuba en 1904, no significa que tal eventualidad fuese un evento aislado del derrotero netamente colonial impuesto a Puerto Rico.  Mas bien es todo lo contrario.  El día 13 de enero de 1900 dieron inicio ante el Congreso de los Estados Unidos las vistas del Comité sobre las islas del Pacífico y Puerto Rico, a los fines de considerar el proyecto de ley presentado por el senador Foraker. El proyecto originalmente contemplaba no tan sólo el otorgamiento de la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños, sino además el libre flujo comercial entre ambos países.
A pesar de contar con el endoso temprano de los altos funcionarios del gobierno estadounidense, incluyendo el gobernador militar Davis y el propio presidente McKinley, el clamor de los representantes puertorriqueños por un mercado abierto con los Estados Unidos enfrentó una seria resistencia.  Ello, por cuanto el aspecto de las condiciones tarifarias se había convertido en el campo de batalla preferido por las facciones que pugnaban en la redacción final del proyecto de ley orgánica.  Uno tras otro, los representantes de la industrias agrícola de los Estados Unidos expresaron su oposición, a base de que ello representaría un precedente para abrirle su mercado a un competidor formidable: Cuba.
No obstante resultar evidente que los Estados Unidos se proponían brindarle a Puerto Rico un trato distinto al de Cuba, los productores agrícolas estadounidenses insistían consecuentemente en la teoría del precedente para sostener que lo que se hiciese con Puerto Rico marcaría la pauta de las relaciones de los Estados Unidos con la antilla mayor.  En ocasiones, las ponencias creaban la impresión de que lo que se estaba tratando no era tanto la legislación de una ley orgánica para Puerto Rico, sino una especie de tratado de libre comercio con Cuba.  Finalmente, la ley orgánica Foraker resultó aprobada con la inclusión de una tarifa que grababa las exportaciones de los productos puertorriqueños a los Estados Unidos.  Promulgado el día 12 de abril de 1900, los representantes puertorriqueños ante el Congreso estadounidense se quejaron amargamente a su arribo a Puerto Rico del carácter colonial del estatuto.
Tras el establecimiento de la relación colonial aún hoy existente, la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, pasó a jugar un factor predominante en cómo lo que ocurría en Cuba incidía sobre Puerto Rico.  Como resultado de ese conflicto de décadas de duración, Cuba pasó a una alianza con la Unión Soviética, mientras que los Estados Unidos optaron por convertir a Puerto Rico en su bastión anti-comunista del Caribe.
A pesar de ese marco de hostilidad regido por fuerzas externas, tanto la sociedad cubana como la boricua comenzaron a experimentar unos cambios que tendieron a asemejarlas.  Una de las consecuencias tanto del régimen de Fidel Castro Ruz en Cuba, como el de Luis Muñoz Marín en Puerto Rico, lo fue el desarrollo de un proceso de industrialización y educación en masa de los sectores pobres y marginados de ambas islas.  En efecto, esta transición de sociedad rural-agrícola a urbana-industrial en ambos países trajo produjo un resultado similar en los dos: el surgimiento de una gran clase media educada y competente.  Aunque por caminos distintos e incluso antagónicos, Cuba y Puerto Rico poseen hoy en día estructuras sociales bastante similares.  Extinguida la Guerra Fría a finales del Siglo 20, los años iniciales del Siglo 21 son testigos del agotamiento de las formas de gobierno creadas en ambas antillas como resultado de aquel conflicto.  Tanto Cuba como Puerto Rico se encuentran en transición hacia nuevas formas de gobernar que respondan a la realidad mundial actual.  
Por nuestra parte, y a base de las experiencias de siglos pasados, Puerto Rico debe ser consciente de que Cuba emergerá en un futuro cercano con una capacidad de competir similar a la que disfrutó en el Siglo 19.  La diferencia estriba en que Borinquen está mucho mejor preparado para enfrentar esa competencia que lo que estuvo bajo el coloniaje español, independientemente de que la dolorosa transición que enfrentamos para salir de nuestra situación colonial, sugiera lo contrario.  Por ende, y en lugar de temer el futuro ingreso cubano a una nueva era de competencia con Puerto Rico, debemos aceptar el reto que, después de todo, siempre ha sido parte de nuestra existencia nacional.

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