domingo, 18 de diciembre de 2011

Pastor y el remolino

Allá para noviembre de 2009, nos visitó el profesor estadounidense Robert Alan Pastor.  En dicha ocasión, dictó una conferencia en la Universidad del Este, en torno al futuro de las relaciones entre Puerto Rico y los Estados Unidos.  Lo que tal vez usted no conozca, es la estrecha relación que por años este académico ha mantenido en lo relativo a la situación colonial que vive nuestro País, y lo que podemos esperar para el futuro.
Con apenas treinta años de edad, Robert Pastor ocupaba ya altas posiciones en la administración del presidente James Earl “Jimmy” Carter (1977-1980).  Para 1978, era el principal funcionario a cargo de las relaciones con América Latina, dentro del Consejo de Seguridad Nacional.  En ese año, Pastor formuló una propuesta dentro del CSN que, en aquellos días de plena Guerra Fría, debe haber sonado muy controversial.  Propuso la liberación de los que él mismo llamó los “luchadores por la independencia de Puerto Rico” (“Puerto Rican Independence Fighters”).  Se trataba, por supuesto, de los prisioneros nacionalistas Dolores “Lolita” Lebrón Sotomayor, Rafael Cancel Miranda, Irving Flores Rodríguez y Andrés Figueroa Cordero.
En dicho sentido, Robert Pastor demostró no ser el estadounidense típico, mucho menos dentro de las esferas de poder en que laboraba para aquel entonces.  No sólo se trataba del respeto que él personalmente demostró por los prisioneros nacionalistas, sino que además laboró intensamente dentro del CSN por su liberación.  Entre las propuestas que el profesor Pastor endosó, por ejemplo, figuró un intercambio por prisioneros estadounidenses con el gobierno de Fidel Castro Rus.  Al apoyar el planteamiento de un intercambio de prisioneros con Cuba, Pastor en efecto reconoció la condición de prisioneros políticos de los nacionalistas.  Documentos de la época demuestran que este joven académico jugó un papel fundamental en la conmutación por el presidente Carter de las penas impuestas a los prisioneros.
Durante la década de 1980, Robert Pastor publicó uno de los libros más importantes y aún vigentes, en torno a las relaciones de los Estados Unidos con la América Latina y el Caribe.  Titulado Whirlpool: US Foreign Policy toward Latin America and the Caribbean, se trata de una obra que pretende explicar la dinámica de la relación entre esos campos, y cómo Puerto Rico juega un papel fundamental en esa situación histórica.  Conforme a Pastor, Puerto Rico es un ejemplo extremo de la relación de los Estados Unidos con América Latina y el Caribe, en términos de la admiración por los pueblos latinoamericanos ante los logros económicos alcanzados por el estadounidense, en contraste con la inestabilidad política de nuestros países.
Conforme a este académico, las relaciones de Estados Unidos con nuestros pueblos están mas bien basadas en fenómenos históricos que han llevados a ambos campos a una situación en que impera la falta de comunicación y comprensión.  No niega, sin embargo, que los Estados Unidos han conducido una política de insensibilidad, arrogancia o desinterés hacia América Latina.  En este marco histórico, sostiene Pastor, gobiernos como el de Castro en Cuba y Daniel Ortega Saavedra en Nicaragua, han sacado provecho de su desafío a las políticas estadounidenses, pero pagando un sacrificio económico, mientras que Puerto Rico se ubicó en el extremo contrario.  De acuerdo con este punto de vista y al convertirse en territorio no incorporado, Puerto Rico pagó un precio político a cambio de no pagar contribuciones federales.  Como el lector advertirá, el profesor Pastor no tiene problemas en considerarnos como parte de la América Latina, si bien en una situación no compartida por los otros pueblos latinoamericanos.
A partir de la década de 1940 y bajo el liderato de Luis Muñoz Marín, nuestro País pasó, de ser una de las sociedades agrarias más pobres del hemisferio, a convertirse para la década del 1960 en una isla industrializada y con el ingreso per cápita más alto de América Latina.  Pastor sostiene que, para lograr estos fines, Muñoz Marín creó un diseño o metáfora que hizo pensar al gobierno estadounidense y al Pueblo puertorriqueño que cada uno había conseguido lo que quería: estabilidad en la relación colonial, por un lado, y progreso económico, por el otro.
En su evaluación última de la relación colonial, Pastor postula que los puertorriqueños vivimos en un estado de ambivalencia en torno a nuestra condición de sumisión, por razones sicológicas, políticas, culturales, económicas y familiares.  En otras palabras, y citando al pensador Arturo Morales Carrión, Puerto Rico se debate entre los lazos económicos con los Estados Unidos y su nacionalismo cultural.  En contraste, Pastor sostiene que los Estados Unidos se distinguen más por lo que no quieren de Puerto Rico, que por lo que quieren – otra forma de ambivalencia que resultó en una política colonial muy efectiva, aunque fuese improvisada.  Como resultado, para los Estados Unidos la solución del problema colonial de Puerto Rico se ha tornado en un asunto tan difícil como lo fue la de la devolución del Canal de Panamá, por su enorme costo político.
Por eso es que resulta comprensible la insatisfacción de diversos sectores políticos puertorriqueños, especialmente el anexionista, ante la postura timorata adoptada por la administración del presidente Barack Hussein Obama en torno a nuestra situación colonial.  La visita que en estos días nos hace el llamado grupo interagencial de la Casa Blanca sobre asuntos de Puerto Rico pone en evidencia que, en lo que a nuestra condición colonial se refiere, seguimos en un remolino.

No hay comentarios: