domingo, 25 de diciembre de 2011

Prometeo, desencadenado

Conforme a la mitología griega, Prometeo era un héroe o titán que, para ayudar a la humanidad, sustrajo del dios Zeus el fuego para entregárselo a los seres humanos. Como castigo eterno, Zeus condenó a Prometeo a permanecer encadenado a una roca donde un águila devoraría diariamente su hígado, el cual se regeneraba para ser, de nuevo, devorado. Con ello en mente, recordemos a Juan Mari Bras.
Juan Mari (como algunos lo llamaban), al igual que la inmensa mayoría de los boricuas a partir del 2 de marzo de 1917, nació bajo el signo y peso de la ciudadanía estadounidense. Una ciudadanía que no fue “concedida”, sino impuesta por los Estados Unidos por razones puramente estratégicas en medio de la Primera Guerra Mundial. Desde su temprana juventud, Juan Mari dio muestras de su compromiso inquebrantable con la auto-determinación e independencia de nuestro País. Su vocación por la lucha lo llevó a participar en la fundación del Partido Independentista Puertorriqueño en 1946, y a dos años más tarde involucrarse en la gran huelga general de estudiantes que sacudió a la Universidad de Puerto Rico en 1948.
Al igual que tantos otros nacionalistas de ese Puerto Rico en rápido proceso evolutivo registrado entre 1940 y 1960, Juan Mari aspiraba a una educación que le permitiera ganarse la vida, tener su propia familia y continuar contribuyendo a la lucha por la soberanía. Tras su expulsión de la UPR, no le quedó otra opción que marchar hacia la metrópoli para completar sus estudios universitarios. En los propios Estados Unidos, sin embargo, el entonces joven estudiante siguió siendo sujeto de persecuciones por sus creencias y compromiso con la independencia patria. Tras años de vicisitudes, en 1954 logró graduarse como abogado.
De regreso a Puerto Rico, Juan Mari participó en 1959 de la fundación del Movimiento Pro Independencia de Puerto Rico y del periódico Claridad. Partiendo del credo de don Pedro Albizu Campos, Juan Mari y otros miembros del MPI propulsaron un boicot electoral para las Elecciones Generales de 1964. Para dar a conocer su postura electoral, el MPI no podía contar con los adelantos tecnológicos de los cuales hoy en día disfrutamos. En su lugar, dependía de altavoces y de los pulmones de sus miembros para llevar su mensaje al público en las calles. Como resultado, los miembros del MPI fueron arrestados por violar una ley que, créanlo o no, tipificaba como delito el uso precisamente de altavoces como vehículo para expresarse.
Esa controversia llegó hasta el Tribunal Supremo en un caso que se llama Mari Bras vs. Casañas, resuelto en 1968, y que constituyó el primer gran triunfo jurídico de Juan Mari y de los defensores de la libertad de expresión. Al resolver a favor de los independentistas, el Tribunal Supremo afirmó que “Dudoso servicio se le presta al derecho al sufragio libre que se pretende proteger si para ello se restringe la libertad de expresión; el resultado de aquél sería intrascendente sin la garantía de éste. Perdería todo significado; irritas serían sus consecuencias”. En efecto, y tan temprano como en la década de 1960, nuestro sistema judicial ya reconocía la existencia de leyes penales dirigidas a reprimir el mensaje del independentismo. Ese importante triunfo judicial tal vez tuvo algo que ver con la eventual transformación del MPI en el Partido Socialista Puertorriqueño en 1971. En 1972, Juan Mari lograba otra victoria judicial ante el Tribunal Supremo en un caso llamado Mari Bras vs. Alcaide Cárcel Municipal, mediante el cual se invalidó su encarcelamiento por pegar pasquines en lugares públicos reclamando el acceso del Pueblo a las playas. A ello le siguió la comparecencia de Juan Mari ante la Organización de las Naciones Unidas en 1973 para denunciar la situación colonial de Puerto Rico.
En 1994, Juan Mari presentó en Caracas, Venezuela, su renuncia a la ciudadanía estadounidense, hecho que provocó tras su retorno a Puerto Rico su impugnación como elector. Ello redundó en su logro judicial más conocido, cuando en 1997 en el caso Ramírez de Ferrer vs. Mari Bras el Tribunal Supremo de Puerto Rico nuevamente falló a su favor. Las expresiones más memorables de aquel dictamen provinieron del entonces juez asociado y hoy juez presidente Federico Hernández Denton, al afirmar que “existe una ciudadanía de Puerto Rico diferenciada de la ciudadanía de Estados Unidos. Su fundamento sociológico es la nación puertorriqueña”.
Las luchas emancipadoras por la auto-determinación e independencia de Puerto Rico siempre le han guardado las mayores penas a quienes las han abrazado. Las de Ramón Emeterio Betances le costaron el exilio; a Román Baldorioty de Castro, el presidio; a Segundo Ruiz Belvis, la temprana muerte en tierras ajenas; a Albizu Campos, el presidio y el suplicio. El asesinato aún sin esclarecer de su hijo Santiago Mari Pesquera en 1976, fue una penalidad igual o mayor para Juan Mari. A pesar de las frustraciones electorales y las desgracias personales, su vocación lo llevó a co-fundar otras organizaciones, tales como el Congreso Nacional Hostosiano.
Prometeo fue finalmente liberado de sus cadenas por otro titán, llamado Hércules, quien dio muerte al águila. De la misma manera, Juan Mari Bras parte de esta existencia libre de la dependencia emocional de la ciudadanía estadounidense, y sin que tal “pérdida” le significase perder un ápice de su dignidad y deseo de luchar. Él es Prometeo, desencadenado.

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