sábado, 17 de diciembre de 2011

“The Puerto Rico Dump”

No sé si alguien ya ha escrito en torno a este asunto, pero es necesario hacerlo. Se trata de un lugar que conocí, gracias a la excelente periodista de este medio, Beatriz de la Torre. Lo creó la marina de guerra de los Estados Unidos en medio del océano Pacífico. Es un vertedero repleto de desperdicios tóxicos, llamado “Puerto Rico”.
Desde que el almirante William Sampson ordenara el vicioso bombardeo de San Juan de Puerto Rico al amanecer del 12 de mayo de 1898, la marina de guerra estadounidense se convirtió en el más poderoso enemigo que el Pueblo de Puerto Rico haya conocido. En el siglo 19, los sectores militares en los Estados Unidos comenzaron a impulsar el argumento de que una marina de guerra era indispensable para la seguridad nacional. Bajo la influencia de los escritos del capitán de navío estadounidense Alfred Mahan, quedó sentada la noción de que la marina de guerra, más que cualquier otro cuerpo militar, era el instrumento ideal para que los Estados Unidos impusieran además su hegemonía sobre otras naciones.
Para lograr esta hegemonía, los barcos de guerra dependían para aquel entonces de carbón como fuente principal de energía. Por ende, sostenían Mahan y otros, los Estados Unidos tenían que establecer “plantas carboneras” que permitieran a la marina de guerra reabastecerse del combustible necesario para operar en todo el planeta. Puerto Rico en el mar Caribe y las Islas Marianas en el océano Pacífico, por nombrar sólo dos, se convirtieron así en estaciones navales que, entre otras cosas, servían para que la marina de guerra estadounidense efectuara aquellos actos que no podía, o no se atrevía, a hacer en los propios Estados Unidos.
En el teatro de la Guerra Fría que dominó la segunda mitad del siglo 20, la marina de guerra se valió de nuestras tierras, estuviesen pobladas o no, para satisfacer sus necesidades militares en nombre de la “defensa nacional”. Como ya vimos en una columna anterior (“El Plan Drácula”), la marina de guerra incluso pretendió desalojar a los habitantes de nuestras islas municipios de Vieques y Culebra, tanto a los vivos como a los muertos, para conducir sus maniobras militares “sin estorbos”. Otro dato histórico poco conocido es que la marina de guerra estadounidense utilizó a Culebra para rendirle en 1940 un homenaje al sanguinario dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo Molina, llegando incluso a proponerse que Culebra se llamara “Isla Trujillo”.
Es con este transfondo histórico que puede comprenderse el tema que hoy nos ocupa. Como ya antes mencioné, uno de los territorios utilizados por la marina de guerra estadounidense para sus ejercicios navales lo fue las Islas Marianas, un archipiélago localizado en el sur del océano Pacífico. Una de las islas que compone ese archipiélago lo es Saipan, donde se libró una de las grandes batalles navales durante la Segunda Guerra Mundial. Vecina de Saipan se encuentra la isla llamada Tinian, de donde se lanzaron los ataques nucleares contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.
Finalizando el conflicto mundial, la marina de guerra decidió crear un vertedero en Saipan para depositar los remanentes de sus maniobras militares. Fue así como nació el “Puerto Rico Dump”. El mismo sirvió no sólo para depositar basura militar. Las llamadas “balas vivas”, basura regular, animales muertos y todo tipo de material tóxico, encontraron también su destino final en ese otro “Puerto Rico” ubicado tan convenientemente al otro lado del mundo. El vertedero fue cedido por la marina de guerra estadounidense al gobierno de las Islas Marianas en 1978, cuando éstas se convirtieron en un “Commonwealth” asociado a los Estados Unidos.
Ya a finales del siglo 20, el “Puerto Rico Dump” se transformó en una terrible amenaza ambiental para la población de Saipan. Infestado de ratas, perros y gatos realengos, moscas y otras plagas, el vertedero expedía además humos tóxicos debido a los incendios descontrolados que allí se producían. En 1994, la Environmental Protection Agency de los Estados Unidos ordenó el cierre del vertedero. En 1995, el gobierno de las Islas Marianas declaró el “Puerto Rico Dump” como un peligro para la población que requería atención inmediata. Se dispuso ese mismo año un cierre temporal del vertedero, con miras a decretar su cierre definitivo una vez se contara con facilidades nuevas para el depósito de desperdicios sólidos.
El “Puerto Rico Dump” cesó de recibir desperdicios en febrero de 2003. Los trabajos para rehabilitar la zona que componía el vertedero y cerrarlo definitivamente, seguirán por lo menos hasta el año 2010. Al día de hoy, los residentes de Saipan continúan asombrándose ante la monstruosidad del “Puerto Rico Dump”, preguntándose cómo una llaga supurante de esa naturaleza fue creada en su tierra.
En el año 2000, durante la lucha por expulsar a la marina de guerra de Vieques, el cuerpo castrense inició una campaña de relaciones públicas para generar simpatías entre el sufrido Pueblo viequense. El almirante Kevin Green afirmó confiar en que los puertorriqueños aceptarían la continuada presencia de la marina de guerra de los Estados Unidos en la Isla Nena, sosteniendo que su mejor futuro consistía en mantener la situación vigente. Quizás esa habría sido una buena oportunidad para que nos explicara en qué, a la luz de los actos barbáricos reseñados en esta columna, la marina de guerra que él comandaba era distinta a la que dirigió en su día el almirante Sampson, y cuáles fueron los oscuros sentimientos que inspiraron a la misma a profanar nuestra identidad nacional, al utilizarla para bautizar un putrefacto basurero.

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