martes, 20 de diciembre de 2011

“...tú eres Pedro,...” (I)

Nació en el barrio Tenerías de Ponce, de madre soltera y parda. Caminó entre nosotros entre 1891 y 1965. A pesar de nacer en la extrema pobreza, su inteligencia y tenacidad lo llevaron a sobresalir hasta graduarse como abogado de la prestigiosa universidad de Harvard. Es el adversario más temible que enfrentó el gobierno colonial de los Estados Unidos sobre Puerto Rico durante sus primeros sesenta años de existencia. Su nombre, es Pedro.
De la mano de su biógrafa, Marisa Rosado, exploraremos su presencia entre nosotros. La madre de Pedro, Juliana Campos, era descendiente de esclavos. Su padre, Alejandro Albizu, pertenecía a la clase empresarial emigrada de Venezuela a raíz de las guerras de independencia en ese país. No lo reconoció como su hijo sino hasta que falleció su esposa Cristina
Desde temprano en su existencia en su nativo Ponce, Pedro se destacó en los estudios por su brillantez, además de ser travieso y gustar de jugar como cualquier niño. Su destaque entre los condiscípulos fue de tal magnitud, que captó incluso la atención de personalidades de la época, como José de Diego y Martínez. Gracias a becas y ayudas recolectadas por agrupaciones cívicas, religiosas y culturales, Pedro pudo superar el obstáculo de su pobreza para marchar hacia los Estados Unidos a comenzar estudios en la universidad de Vermont. En 1913, pasó a la universidad de Harvard para continuar sus estudios.
La pobreza persiguió a Pedro mientras estudió en Harvard. Las ayudas y becas que le concedieron no eran suficientes para cubrir el costo de los estudios y la estadía. Desempeñó diversos oficios, desde hacer traducciones hasta cortar el césped. A pesar de las vicisitudes, Pedro se destacó, ganándose el respeto y la admiración de profesores y condiscípulos. Fue también en Harvard donde comenzó a escribir en torno a las promesas rotas de los Estados Unidos con respecto a Puerto Rico. Su visión política en aquel entonces era relativamente moderada. No obstante, su crítica punzante a unos Estados Unidos que se presentaron falsamente como libertadores en 1898, estaba ya presente.
En 1917, Pedro ingresó voluntariamente al ejército de los Estados Unidos, a raíz de que ese país entrase como beligerante a la Primera Guerra Mundial. Su única condición fue que lo ubicasen con las tropas puertorriqueñas. El fin del conflicto bélico en 1919 llegó antes de que Pedro fuese embarcado con destino a Europa. Licenciado del ejército con el rango de teniente, regresó a Harvard para completar sus estudios en Derecho. Recibió en aquel entonces una oferta para ingresar al cuerpo diplomático de los Estados Unidos; tentadora propuesta que Pedro rechazó, al sostener que él ya había trazado su destino, en su propia tierra.
Estudiar, trabajar y pensar no fueron las únicas actividades de Pedro en Harvard. De la mano de amigos sacerdotes se convirtió a un catolicismo práctico y militante que formaría parte de su futuro discurso político. Allí conoce también en 1920 a Laura, hija de los peruanos Juan Meneces Pino y Emilia del Carpio, y quien ya poseía un grado doctoral en Ciencias Naturales. Mujer inteligente, sensible y culta, Pedro no tardó mucho en proponerle matrimonio, ofrecimiento que Laura en un principio no aceptó.
Agotados sus recursos económicos sin terminar sus estudios en Derecho, Pedro tuvo que regresar a Puerto Rico en 1921. A pesar de no contar con su diploma de abogado por faltarle dos cursos, le ofrecieron trabajar como juez en Yauco, oferta que declinó. El tribunal federal estadounidense en Puerto Rico lo admitió para practicar la abogacía, pero el Tribunal Supremo de Puerto Rico se lo denegó. Con grandes esfuerzos, pudo tomar en Puerto Rico los exámenes de los cursos que le faltaban, aprobar la reválida y lograr su admisión por el Tribunal Supremo finalmente en 1924.
Pedro no se mantuvo pasivo, sin embargo. Tenía que trabajar para vivir. A su llegada de Harvard en 1921, comenzó a abrir oficinas que luego cerraba por falta de ingresos. Su clientela principal era gente tan pobre como él, cuyos honorarios se satisfacían con gallinas, con verduras, o con las gracias... Estando en una de esas oficinas, en julio de 1922 Laura se le presentó por sorpresa. En efecto, la joven estudiante peruana de alta sociedad había decidido seguir a Pedro hasta su humilde despacho en el Ponce decadente de los años 20. Poco después contrajeron nupcias por lo civil.
Los tiempos no estaban para cuentos de hadas, sin embargo. Pedro, al igual que el resto del País, tenía que luchar para sobrevivir bajo un clima colonial en que grandes empresas acaparaban los terrenos cultivables para hacer de Puerto Rico un emporio azucarero. Los altos cargos del gobierno colonial permanecían bajo el control de estadounidenses vinculados al sector militar de ese país, mientras el liderato puertorriqueño de la época se mostraba impotente para solucionar el problema fundamental de sumisión a otra nación.
En medio de un clima de miseria generalizada, en ese año mágico de 1922 Pedro inició su vida matrimonial y su vida política, en el sector independentista dentro del principal movimiento en el País: el Partido Unión de Puerto Rico. Mientras tanto y en el mismo Ponce, inició igualmente su vida en 1922 un movimiento que, con el correr del tiempo, quedaría irremediablemente vinculado a Pedro: el Partido Nacionalista.

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