martes, 20 de diciembre de 2011

“...tú eres Pedro...” (V)

Nació en la ciudad capital de San Juan, siendo sus padres Iris González y Juan Rosselló. Ha caminado entre nosotros desde 1944. Sus acciones y circunstancias lo llevaron a convertirse en el séptimo administrador colonial desde que el régimen de sumisión fue bautizado Estado Libre Asociado. Es el adversario más temible que enfrentó el gobierno colonial de los Estados Unidos sobre Puerto Rico durante sus últimos cuarenta años de existencia. Su nombre, es Pedro.

Pedro hizo sus estudios primarios en San Juan, completando su bachillerato en 1966 en la universidad de Notre Dame en los Estados Unidos. Se graduó de médico en la universidad estadounidense de Yale en 1970. Mientras estudiaba, Pedro se dedicó a practicar el deporte de tenis. Su destaque en esa disciplina deportiva fue tal, que llegó a representar a Puerto Rico en competencias internacionales.

Tras especializarse en cirugía pediátrica, Pedro regresó con su familia a Puerto Rico en 1976, precisamente el mismo año en que el anexionista Partido Nuevo Progresista logró su primer triunfo decisivo ante un Partido Popular Democrático unido. Mientras tanto, Pedro mostró su interés por el tema de la Salud Pública, al punto de que completó un grado de maestría en ese campo en la Universidad de Puerto Rico en 1981. Su brillantez lo condujo a dirigir el Departamento de Cirugía de la Escuela de Medicina de la UPR en 1983. Ese mismo año, Pedro recibió una llamada del líder novoprogresista Baltasar Corrada del Río quien, tras entrevistarlo, lo integró a su equipo de trabajo. Bajo el alcalde Corrada del Río, Pedro se encargó de administrar a partir de 1985 los servicios médicos del municipio de San Juan.

Fue para ese entonces que miembros del PNP comenzaron a ver en el cirujano pediátrico un atractivo electoral para el futuro. Pedro no tenía el don de la elocuencia en su expresión, pero más allá de su inteligencia, poseía un atractivo que en el Puerto Rico de ese período de la centuria hegemónica estadounidense resultaba en extremo valioso: su apariencia física. En el verano de 1987 y en vías de aspirar a la administración colonial, el alcalde Corrada del Río y sus allegados persuadieron a Pedro en el verano de 1987 a correr para el puesto de Comisionado Residente en Washington. En el evento electoral de 1988, Pedro hizo de su derrota un triunfo, al resultar el candidato del PNP con mayor cantidad de votos a su haber.

El médico convertido en administrador y luego en político, casi de súbito se encontraba inmerso en en camino hacia la administración colonial de Puerto Rico. La derrota en el referéndum de diciembre de 1990 de la propuesta de declaración de derechos democráticos que propulsó el sexto administrador colonial, sirvió a Pedro como impulso hacia la presidencia del PNP, a la cual ascendió en junio de 1991. Con el lema de “yo sí puedo”, Pedro condujo al PNP de regreso al timón del País tras derrotar a la hija del primer administrador colonial en noviembre de 1992.

Pero Pedro era un administrador colonial distinto a sus antecesores anexionistas. A poco de llegar a La Fortaleza, promovió ante el Congreso estadounidense la celebración de una consulta plebiscitaria que contara con el aval de ese cuerpo político. Debido a la negativa metropolitana, y sin haber cumplido un año en su mandato como administrador colonial, Pedro procedió en 1993 a organizar la primera consulta en torno a la condición política de los puertorriqueños desde 1967. Por estrecho margen, la colonia como forma de vida prevaleció en el plebiscito de 1993, no obstante todos los esfuerzos de Pedro por explotar su popularidad electoral a favor de un voto por la anexión.

Luego de ese traspié, Pedro se dedicó a la administración colonial, al mismo tiempo que continuaba tratando de minar los pilares que la sostenían. Su política de privatización de servicios, de reforma al sistema de salud y de “mano dura contra el crimen”, incluyó su campaña contra el “mantengo corporativo” de las compañías estadounidenses que se aprovechaban de los beneficios contributivos que el régimen de sumisión proveía para su propio sustento.

Su gestión como administrador colonial le valió al PNP el mayor triunfo hasta ese momento en su historia, en las elecciones de 1996. A pesar del sonado éxito electoral, el segundo cuatrienio de Pedro en La Fortaleza estuvo lleno de controversias y luchas, creadas en parte por las crecientes imputaciones de corrupción contra miembros de su administración y agrios conflictos con antiguos aliados políticos. Se cuestionó incluso su estabilidad y sanidad emocional. En efecto, dijeron que Pedro estaba loco.

Ante un clima social cada vez más conflictivo, Pedro promovió un segundo proceso plebiscitario en 1998 para retar de nuevo al régimen de sumisión. Pero el régimen nuevamente sobrevivió su embestida porque, no obstante las efemérides llenas de celebraciones, conmemoraciones y protestas, 1998 fue un año ordinario. Al año siguiente, sin embargo, una bomba guiada por error durante los juegos de guerra en Vieques mató un 19 de abril 1999 al viequense David Sanes Rodríguez.

Y fue así como en el año mágico de 1999, cuando nadie lo esperaba, y por tercera ocasión durante la centuria hegemónica estadounidense, un puertorriqueño llamado Pedro convocó a un ejército de hombres y mujeres para hacer frente al régimen de sumisión colonial y a su gran cerbero: la Marina de Guerra de los Estados Unidos.

No hay comentarios: