martes, 20 de diciembre de 2011

“...tú eres Pedro...” (VI)

A lo largo de la centuria hegemónica estadounidense, se han registrado diversos actos de rebelión contra el régimen que pesa sobre Puerto Rico. Existen tres, sin embargo, que han sido particularmente significativos, siendo los dos primeros la llamada “huelga legislativa” de 1909 y la gran insurrección nacionalista de 1950. El tercero estalló en la isla municipio de Vieques en 1999. Al igual que en la rebelión de 1950, en 1999 sólo la presencia entre nosotros de Pedro puede explicar, nuevamente, la transfiguración del Cordero.

No le tomó mucho tiempo al séptimo administrador colonial desde la fundación del Estado Libre Asociado, hacerle saber a la Marina de Guerra estadounidense que sus juegos bélicos en Vieques tendrían que terminar. Apenas 10 días después de la muerte de David Sanes Rodríguez, el Senado de Puerto Rico pidió que se tomara acción legal contra la Marina, al mismo tiempo que los primeros desobedientes civiles iniciaron su incursión al campo de tiro. Una encuesta de opinión pública reveló que los puertorriqueños, por un margen de 3 a 1 y aún más entre la juventud, pedían la salida de la Marina. El 11 de mayo de 1999, Pedro emitió la orden ejecutiva 1999-21, creando así la Comisión Especial de Vieques con representantes de todos los sectores para lograr un objetivo común: salir de la Marina. Al mismo tiempo, el Rubén Berríos Martínez de la década de 1970 resurgió para unirse a la desobediencia civil en Vieques.

Con la velocidad de un dínamo, Pedro patrocinó en cuestión de días una ofensiva que tomó por sorpresa a los Estados Unidos. En junio de 1999, anunció que no aspiraría de nuevo a la administración colonial del País, al mismo tiempo que comparecía ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas para denunciar el régimen de sumisión. Antes de que finalizara ese cálido mes de junio de 1999, la Comisión Especial de Vieques rindió su informe exigiendo el cese permanente de los ejercicios de la Marina en Vieques y la devolución de las tierras a los puertorriqueños. Norma Burgos Andújar, presidenta de la comisión, afirmó que los puertorriqueños “nos hemos convertido en una sola voz”.

Sorprendida ante el desarrollo de unos eventos a los que no estaba acostumbrada, la reacción inicial de la Marina fue trivializar el asunto como un mero accidente que debía seguir su proceso interno. A manera de respuesta, surgieron revelaciones en la prensa sobre el uso por la Marina de napalm y uranio en la Isla Nena. Mientras tanto, desobedientes civiles continuaban ingresando a la zona de tiro en Vieques sin que la policía hiciera algo para impedirlo. La Marina anunció entonces que nuevos ejercicios bélicos se efectuarían en septiembre de 1999.

Ante la inacción de la administración colonial puertorriqueña para reprimir a los desobedientes civiles, en los Estados Unidos comenzó a articularse un discurso que imputaba a los puertorriqueños ser unos “emocionales”, mientras se resaltaba en contraste la importancia de Vieques para la Marina. Se informó que en Puerto Rico existía una fiebre nacionalista y que los puertorriqueños se habían vuelto pasionales a causa de la muerte de Sanes Rodríguez. En julio de 1999, el comandante en jefe de la Organización del Tratado del Atlántico Norte afirmó que Vieques era fundamental para la preparación de sus tropas. A su vez, el senador James Inhofe y el almirante de la Marina William Fallon propusieron cerrar en septiembre la base naval de Roosevelt Roads si no se podían hacer ejercicios en Vieques. La táctica que desde los tiempos del senador Mylard Tydings había funcionado para amedrentar a los puertorriqueños, ahora se usaría contra Pedro.

La batalla por Vieques se volvía cada vez más dura. La Marina hizo saber que había denunciado a desobedientes civiles por haber robado explosivos de los campos de tiro, y que el Departamento de Justicia puertorriqueño se había negado a procesarlos. En septiembre de 1999, los militares Jay Johnson y James Jones reafirmaron que Vieques era vital para la seguridad nacional de los Estados Unidos recordando que, gracias a esos entrenamientos, se habían ejecutado exitosamente las invasiones a la República Dominicana en 1965 y a Grenada en 1982. Conforme a estos militares, la importancia del “Puerto Rican Operating Area” era tal, que debía imponerse a la “emoción” de la tragedia del 19 de abril en Vieques.

Contrario a las expectativas estadounidenses, la estrategia de negociar la permanencia de la base de Roosevelt Roads por Vieques fracasó. El clima colonial se volvió entonces más hostil. En octubre de 1999, la prensa conservadora comenzó a imputarle al presidente William Jefferson Clinton coquetear con los separatistas puertorriqueños, al ordenar la intervención del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense en los temas de Vieques y de la liberación de presos políticos. Conforme a esos medios, los independentistas habían logrado capturar la imaginación de los puertorriqueños. Los desobedientes civiles anclados en las playas viequenses eran considerados meros pescadores en el mejor de los casos, o separatistas terroristas, en el peor.

Otros mientras tanto, afirmaron que desde la década de 1960 no se veía un gobernador, o un administrador colonial, tan desafiante al gobierno federal de los Estados Unidos, como Pedro.

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